viernes, 4 de febrero de 2011

Cri-Cri


Tenemos en casa un nuevo miembro de la familia.
Un pequeño zorzal que cayó de su nido.
Ni te imaginas cómo es de exigente, claro, como ya cree que soy su madre lo único que sabe es gritar por comida, gritar cuando está comiendo y gritar cuando lo sacamos al patio para que se ejercite, el muy flojonazo.

Es una alegría verlo crecer saludable. 
Un espectáculo cuando se baña en una fuente que le hemos colocado sobre una mesa. 

Cuando ya esté fuerte –imagino- buscará en lo alto de los árboles a su familia zorzaliana y tal vez poco recuerde de nosotros. Lo que sí recordará, estoy segura, mis dedos dándole la comida.

Nosotros cada día agradecemos en la mesa los alimentos al Proveedor de las bendiciones, recordando que los dones vienen del Padre de las luces. Somos sus pequeñas aves.



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Todo lo que recibimos de bueno y perfecto procede de Dios,
creador de todas las luces del universo
y en quien no hay cambio alguno
ni sombra de variación.

Santiago 1:17
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